PEQUEÑA HISTORIA DE LA PARTIDA DE UNA GENERACIÓN

19 Nov 2018

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias”

 

En el aire ya se sentía la despedida. _Ya, chicos, llegó la hora_, les dijo a los estudiantes, mientras el dintel de la puerta se moldeaba con la figura de los otrora niños que alguna vez recibió cuando apenas promediaban 12 años. Les habló del paso del tiempo; de los que alguna vez estuvieron y que, producto del juicio del tiempo, ya no están. Les habló de los versos que les dedicó y que aún seguían adosados a la azulina tela del diario mural. Les dijo que, si bien es cierto en el año 2013 verbalizó que ella jamás sería su madre, hoy sentía que sus hijos se marchaban, no sin antes manifestar que uno de los imperativos en esta vida, es no esquivar la verdadera felicidad. Tantas palabras se tejieron en aquel entonces, tanta gratitud, tantos momentos se revivieron que en un instante parecían haberse abstraído del tiempo, hasta que el armonioso repicar del bronce de la campana les indicó que el resto de su familia ya estaba presta a despedirlos. El camino estuvo acompañado de apretones de manos, abrazos, risas y lágrimas que se escurrían por las mejillas como si pretendieran dejar un rastro para no olvidarse de la ruta cuando quisieran regresar. Transitaron por los pabellones, bajo el frescor de los árboles, se posaron por última vez en los patios que supieron de risas y llantos, en los patios que conocieron su pueril figura extinta.

 

La puerta de Laja 1050. Los jóvenes se reunieron y vociferaron con el corazón _sí, con el corazón_, el grito del HCA, mientras unos pequeños seguían aferrándose a sus piernas porque sabían que, desde ese día, el Hans se sentiría vacío. Principitos y zorros se habían domesticado.

Sus padres, del otro lado. Esta vez eran ellos los que los recibían con los brazos abiertos y el alma hecha nudos al darse cuenta que una parte del viaje ya había cesado.

 

La profesora los despidió con una muestra de cariño sempiterno. Un abrazo que pensaba que no existía hasta en ese momento. Allí, mientras miraba cómo sus padres los entrelazaban en su regazo se preguntaba si lo había hecho bien, al mismo tiempo que deseaba que el camino que elijan los enriquezca, porque no importa llegar a destino por el mero afán de cumplir una meta, lo realmente importante es enriquecerse de cuanto se ha ganado en la ruta.

 

La calle se tornó vacía. El portón azul estaba a su espalda mientras que a cada paso que daba, sentía que algo le faltaba. Les tomó la mano a unos pequeños, cuyas lágrimas habían nacido producto de la partida, los llevó a su sala y les prometió que ellos algún día volverían. De eso estaba segura.