Travesía cultural: Machu Picchu

9 Aug 2017

Cuando el rector de nuestro Instituto planteó la necesidad de hacer del Hans un colegio distinto, en la cabeza del profesor de Historia, Luis Soto Cruz, esta idea no quedó en el aire y, en ese momento, surgió el ambicioso proyecto denominado “Travesía cultural”.

 

Corría el segundo semestre del año 2016 y la decisión estaba tomada. 41 alumnos de III° y IV° medio partirían el viernes 07 de julio hacia la ciudad del Cusco, al encuentro con una de las siete maravillas del mundo: Machu Picchu.

 

Durante el 2016 comenzaron las reuniones, la presentación del proyecto, el compromiso de los padres, quienes un tanto dubitativos al principio, no tardaron en confiar en el proyecto y en la figura del profesor que lideraría la travesía y, por supuesto, tampoco dudaron en el profesionalismo de los docentes que, motivados por míster Luis, accedieron a embarcarse en esta ambiciosa travesía. Lentamente, lo que en un principio se veía etéreo y un tanto lejano, fue tomando la consistencia que un proyecto de esta envergadura debía tener.

 

Llegó marzo de 2017, era hora de comprar los pasajes que los llevarían a la ciudad de Arica, para cruzar por tierra al país incaico. Marzo, abril, mayo, junio, fueron meses llenos de gestiones a cargo del docente y de los padres de los alumnos. Así también, el nerviosismo no se apartó de los estudiantes, quienes contaban los días pensando en lo que les esperaba a miles de kilómetros lejos de casa.

 

Julio: “chao vacaciones”, decían algunos, mientras que otros le daban la bienvenida a una de las más grandes travesías culturales que se ha llevado a cabo en la historia del HCA.

 

El vuelo 0384 arribó a la “Ciudad de la eterna primavera” a eso de las 7:35 hrs. Luego, un bus los llevó a la vecina ciudad de Tacna donde el desayuno no fue perdonado por esos inquietos niños ansiosos por descubrir lo que les deparaba. Luego, cuando el reloj marcó el medio día, las mochilas nuevamente se posaron en sus espaldas, pues era hora de partir hacia Arequipa.

 

La Ciudad Blanca los saludó a eso de las 19:00 hrs. Siete horas de viaje se hicieron sentir en los cuerpos de estos adolescentes, quienes a esas alturas no hicieron más que llegar a descansar tras la agotadora jornada.

 

El día dos, cuando el desgaste físico se había aplacado, los estudiantes fueron a recorrer el centro de Arequipa, “observando las características de una ciudad colonial con influencias españolas muy marcadas”, según comentó el profesor a cargo. Luego de caminar en conjunto, los alumnos tuvieron la libertad de realizar su propio “city tour”, mientras que mister Luis hacía las gestiones para comprar los boletos que les darían acceso a Machu Picchu. Al finalizar la jornada, y con las entradas en la mano, se embarcaron en bus por 10 horas rumbo a la capital del Tawantinsuyo.

 

A más de 3.200 msnm, la madrugada cusqueña les dio la bienvenida. La altitud no pasó desapercibida a la hora de cargar sus mochilas y subir la escarpada colina donde se ubicaba “La Resbalosa”, hostal que los acogió durante su estadía en aquel lugar. Los jóvenes se instalaron en sus habitaciones, luego se ducharon para más tarde concentrarse en la plaza cusqueña en torno al desayuno. Tal como versa el refrán popular: “guatita llena, corazón contento”, el tour por la ciudad del Cusco se iniciaba ese día.

 

Durante la tarde, los esperaba el primer encuentro con la arquitectura incaica. Era la hora de emprender el viaje hacia el Parque Arqueológico de Sacsayhuaman, el que dejó atónitos a la gran mayoría de los expedicionarios al pensar en la capacidad de los Incas al momento de trabajar con aquellos enormes bloques de piedra perfectamente apilados, los que no presentaban error alguno en su construcción.

 

Tipón fue el destino del día número 3, aunque en sus inicios no estaba en sus planes, no fue menos que Sacsayhuaman, pues este lugar no hizo más que demostrar la sabiduría hidráulica de los incas, además de darse cuenta del valor que estos daban a este vital elemento. “Sin duda, era una maravilla de la ingeniería”, comentó mister Pedro Cádiz, quien, en conjunto con miss María José García y miss Carolina Gajardo, a esas alturas ya se habían sumado al grupo. Una de las importancias de Tipón, es que sus aguas, las que provienen del subsuelo y están almacenadas en una represa, aún sirven a la agricultura del lugar.

 

A las 20:00 hrs. estaban de regreso en el Cusco y una noticia los sorprendió: el paro de profesores amenazaba con cortar los caminos, así que el itinerario nuevamente debía modificarse.

 

Esa noche, partieron a las 04:00 am rumbo a Hidroeléctrica. Llegaron al amanecer y mochila al hombro iniciaron la caminata serpenteando la línea del tren. A esas alturas, la travesía se tornaba extenuante y se hacía aún más agotadora con el peso de las mochilas, las que albergaban equipaje innecesario para un viaje como ese. “el tema de la cantidad de equipaje fue, sin duda, un aprendizaje para los chicos”, comentó mister Luis. Luego de 4 horas de viaje, mezclado con llantos, frustración y arengas para que el ánimo no decayera, la llegada a Aguas Calientes, el pueblito que está a los pies de la ciudadela, se hacía inminente. Era necesario llegar a descansar porque al día siguiente, Machu Picchu los esperaba.

 

El día número 6, día en que se maravillaron con la ciudad incaica, los despertadores sonaron a las 4:00 am., pues debían subir hacia la ciudadela en transporte público, los que son muy demandados por los miles de turistas que visitan a diario el lugar. La fila para el ingreso parecía eterna. Conforme esta avanzaba, los nervios se apoderaban de los jóvenes una vez más. Era hora de entrar, el grupo se dividió en dos. Cada uno de estos estaba comandado por guías turísticos que allí trabajan. De esta manera, los alumnos pudieron interiorizarse sobre la historia, formas de construcción, distribución, funcionamiento de la maravillosa ciudad inca que no supo de descubrimientos ni conquistas españolas. Más tarde, el objetivo estaba cumplido. En sus miradas era inentendible tanta magnificencia. En medio de cuerpos absortos mientras contemplaban una de las siete maravillas del mundo, no podía dejar de inmortalizarse tan magnánimo momento. Un “click” y la imagen quedó grabada en la memoria de cada uno de estos 41 jóvenes.

 

El descenso hacia Aguas Calientes lo hicieron caminando acompañados de mister Pedro, miss Carolina y miss María José, mientras mister Luis coordinaba el retorno. De regreso hacia Hidroeléctrica, el viaje, sin dejar de seguir siendo agotador, fue más distendido, tanto así que el potente Urubamba les regaló sus aguas para que algunos se bañaran y pudieran regresar frescos y aliviados a Cusco.

 

Al llegar a esta ciudad, el itinerario decía que debían iniciar desde allí el retorno a Chile, pero el destino les deparó otra cosa: El Lago Titicaca, en Puno, los esperaba.

 

5 am., Puno los recibió para seguir deleitándolos con las maravillas de un lago ubicado en pleno Altiplano. Las pisadas de los 41 se dirigieron hacia el puerto donde se embarcaron rumbo a la Isla Flotante de Los Uros, ciudadela de totora que cuenta, aproximadamente, con 40 islas, donde están ubicados colegios, iglesias y, por supuesto, sus vivencias. Una vez allí, los estudiantes conocieron la historia de los Uros, su organización y sus costumbres. Además, los alumnos fueron capaces de darse cuenta cómo esta cultura ha sabido adaptarse a los cambios que demanda el turismo, sacándole provecho a lo que sus antepasados les han heredado.

 

De regreso a Puno, la gastronomía peruana se hizo presente: un rico “Lomo Saltado” los esperaba para luego conocer la ciudad y el puerto del lugar. Era la última instancia para comprar algún recuerdo para traerse a Chile.

 

Caída la noche; el regreso a Tacna debía ponerse en marcha.

 

Durante la madrugada, el bus se estacionó en el terminal de la vecina ciudad y, con caminar aletargado producto del desgaste físico que a esas alturas era imposible disimular, se iniciaba el retorno a Chile, hacia Arica, donde debían esperar el vuelo que los llevaría a Santiago.

 

Esa noche Arica se despedía de los alumnos y los recibía un Santiago que deslumbraba con un fenómeno climático que no se veía hace años. Una copiosa nevazón acompañó, cual broche de oro de un espectáculo, la bienvenida que los padres dieron a sus hijos tras casi 8 días de aprendizaje lejos de sus casas. Tras casi 8 días de vivencias que en muchos de ellos quedaron grabadas para la posteridad.